Vendiendo el alma a cambio de buenas cosechas

La siguiente historia sucedió en Perú, para ser más exacto en la ciudad de cañete.

 

Hace varios años, en la región de cañete, había un señor muy pero muy avaro y tacaño. En el lugar donde vivía el señor, era zona de viñedos, de esos lugares salían las buenas uvas.

 

El señor por más que hacía de todo para tener buena cosecha, nunca lo conseguía. Por alguna extraña razón sus cosechas siempre se echaban a perder.

Ya faltaba poco para que quede en la ruina absoluta y con esto pierda todo por lo que había luchado.

Sin nada que perder y mucho por ganar, llegando la noche, el señor toma la decisión de hacer un trato con el maligno.

 

El señor dice en voz alta que quiere hacer un trato con el maligno, si él está interesado en el trato que se aparezca.

Para que dijo aquellas palabras, que de inmediato el maligno se presentó al señor.

 

El señor le dijo al maligno, que si él hace que sus cosechas siempre sean la mejor de todas, con gustó le daría su alma cuando el muera.

El maligno aceptó el trato, y le dijo al señor, que todas las noches unos diablillos vendrían a trabajar las tierras, que no se asuste.

 

Tal como dijo el maligno, llegando la noche, desde la casa del señor se escuchaba como varias personas están trabajando la tierra.

 

Luego de unas semanas, cuando era temporada de cosecha. El señor cosechó las mejores uvas de todo el lugar, en cuestión de horas ya no le quedó nada, todo lo vendió.

La misma historia se repetía cada vez que había cosecha, el señor siempre tenía las mejores uvas del lugar.

 

El pueblo ya empezaba a murmurar y darse la idea que el señor del viñedo había hecho un pacto con el maligno. Porque uno de ellos cuando pasó por las tierras del señor, veían a unos seres muy pequeños trabajando, además nunca vieron que el señor trabaje las tierras y mucho menos que tenga personal que le ayude.

 

Al poco tiempo, todo el pueblo ya sabía que el señor había hecho un pacto con el maligno a cambio que sus cosechas sean mejor del resto.

 

Después de varios años, pasó lo menos pensado, el señor pasó a mejor vida.

Los familiares del señor le hicieron su velorio para luego enterrarlo.

 

Las personas que acudieron al velorio del señor, cuenta que siendo medianoche, escucharon que alguien venía con un caballo.

No habrá pasado más de unos minutos, que un hombre desconocido muy alto, ingresa a la casa del señor.

Ni bien ingresa el desconocido, todas las luces de la casa se apagan.

 

Al volver la luz, los invitados se llevaron un gran susto, vieron que el cuerpo del señor no estaba en el ataúd, y en su lugar había un olor a azufre.

 

El maligno, había cumplido el trato, no sólo se llevó el alma del señor, sino también su cuerpo.

 

 

 

 

Les hago la siguiente pregunta:

 

¿Se atreverían hacer un pacto con el maligno?

Por mi parte, nunca lo haría, y mucho menos ofreciendo mi alma, y ustedes, ¿harían un pacto con el maligno?

 

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