Cuando mi abuela era niña, vivía en la sierra. La familia de mi abuela siempre sacaba en las mañanas a sus animales a pastear.
Mi abuela se encargaba de pastear a las cabras, en compañía de sus perros.
En una de esos días, cuando mi abuela sube en lo más alto del monte buscando pasto verde, desde lo lejos escucha los lloriqueos de un bebé.
Mi abuela piensa que alguna familia estará cerca del monte, así que no le toma importancia.
Después de varios minutos de subir a todas las cabras al monte, escucha nuevamente los lloriqueos del bebé, ahora se escuchaba más fuerte.
Mi abuela extrañada de los lloriqueos, acompañado de sus perros se dirige al lugar.
Mientras más se acercaba, los perros se ponían más nerviosos, ladraban de una forma desesperada.
Uno de los perros, le estaba mordiendo de la falda a mi abuela, como diciendo no vayas, aléjate del lugar, pero mi abuelo no hizo caso a los perros y fue en ayuda del bebé, hasta llegar al lugar de donde provenía los lloriqueos.
El bebé estaba en una maleza, dentro de una canasta.
Mi abuela extrañada y preocupada por la salud del bebé, se quitó la chompa que llevaba y le puso encima de la canasta, como tapándole para que no le pase frio.
Mientras que le cubría con algo la canasta, mi abuela dijo, que padres tan malvados en dejar a su bebé en medio de la nada, y sin cubrirle del mal aire.
Cuando estaba a punto de levantar la canasta y llevarlo hacia sus padres, los perros estaban en posición de ataque, como que quisieran atacar al bebé.
Mi abuela en ese momento no pensó nada malo del bebé, ella solo quería salvarlo, y se llevó a toda carrera la canasta hacia sus padres.
Mientras que los perros, le seguía de su atrás ladrando, al bebé y a mi abuela de una forma desesperada.
Después de varios minutos, cuando bajo del monte y dio alcanzo a sus padres.
Mi abuela les dice que encontró a este bebé abandonado en el monte.
Cuando estaba a punto en destapar la canasta, los perros empezaron a ladrar desesperadamente, nuevamente quisieron atacar.
Al destapar la canasta, lo que mi abuela vio, lo dejó muy asustado, que enseguida soltó a canasta.
Cuando su mamá le iba a regañar por soltar la canasta, se dio cuenta lo que su hija vio al quitar la chompa.
Resulta, que dentro de la canasta, no estaba el bebé, sólo había huesos de un recién nacido.
Allí mi abuela comprendió todo lo que había pasado.
El bebé fue abonado a su suerte en el monte, y éste, al quedar solo y sin nada de abrigo, a los pocos minutos pasó a mejor vida, de la peor manera. Y es por eso que el bebé se queda llorando en el monte para que alguien le saque de allí y darle una sepultura a sus huesos para que descanse en paz.
Mi abuela entre llorando le dice a sus padres, que le deben dar una sepultura a los huesos del bebé, que el bebé ya ha sufrido demasiado y es hora que descanse en paz.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Si ustedes escuchan a un bebé llorando en medio de la nada, irán en su ayuda?
Por mi parte, para serle sincero, antes lo pensaría muy bien, porque he escuchado varias historias de bebé abandonado en medio de la nada.
En el peor de los casos, resulta que los bebés abandonados en el campo, son espantos, y que en caso que te lleves la canasta, a medio camino, la canasta empieza a pesar cada vez más. Cuando destapas la canasta, te das cuenta que estas llevando a un demonio, y ustedes, ¿si escuchan a un bebé llorando en medio de la nada, irán en su ayuda?