Ilustración: CHEVO
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Don Ismael era conocido por ser un hombre muy alegre y amiguero, tenía una imponente presencia y le gustaba galantear a las mujeres, lo que no le gustaba mucho a Doña Juanita quien era su esposa y la madre de sus hijos.
Un viernes por la noche al promediar las 10:30 p.m. como de costumbre Don Ismael llegaba a su casa borracho después de haber bebido aguardiente con sus amigos del Barrio San José. Don Ismael vivía entre las intersecciones del Jirón Sullana y Pasaje Urubamba. Al llegar a su casa Doña Juanita se percató que su esposo no solo llegaba borracho, sino llegaba oliendo a perfume de mujer y con el cuello lleno de moretones, por lo que Doña Juanita y Don Ismael pelearon agrediéndose fiscalmente y verbalmente, hasta que Doña Juanita le pidió a Don Ismael que se fuera de la casa.
Cansado de la discusión Don Ismael sale de su casa, enfurecido y maldiciendo. Al salir de su casa Don Ismael escucha el llanto de un recién nacido, hecho que le causó extrañeza pues ya eran casi la media noche. Siguió caminado y nuevamente escucho el llanto de un recién nacido. Trato de agudizar su oído para saber de dónde provenía ese ruido, el cual le causo mucha sorpresa al darse cuenta de que el ruido provenía de una quebrada que pasaba justo a unos metros de su casa. Desconcertado, bajo a la quebrada y cada vez el ruido del llanto del niño era más fuerte, hasta que encontró envuelto en unos trapos sucios a un recién nacido. Esto enfureció a Don Ismael, quien empezó a maldecir a la madre de la criatura. “Maldita, y mil veces maldita, como pueden haber padres que abandonen como perros a sus hijos”. Fue lo que dijo, sacándose su saco con el cual envolvió al niño, dejando en el suelo los trapos en los que estaba envuelto.
Al salir de la quebrada, acerco al niño a la luz de una farola y vio que el niñito era un bebe hermoso, blandoncito y de ojos azules.
Nuevamente maldijo a la madre y al padre, disiento “malditos, para que traen al mundo hijos sino los van a cuidar”. “No te preocupes pequeño yo te voy a cuidar”.
Cuando estuvo por entrar nuevamente a su casa, Don Ismael se puso a pensar, ¡si mi mujer, me regaño y me votó de la casa por haber llegado borracho y con moretones en el cuello!.
¡Si me ve llegar con este niño, va a creer que es mi hijo y es capaz de matarme!, ¡mejor me voy a la casa de mi hermana!
Es así, que empezó a caminar a la casa de su hermana María, quien vivía en el Jr. Huánuco muy cerca del graderío a Santa Apolonia.
Don Ismael mientras caminaba, sentía que él bebe que llevaba en brazos, envuelto en su saco, cada vez pesaba más y más. Esto le causo un poco de extrañeza, pero igual siguió caminando.
Después, de unas cuadras el niño dejo de llorar y esta vez empezó a emitir un gruñido como si fuera un cerdo. Don Ismael consternado desenvolvió al niño que traía en brazos y al observar el rostro del niño, este estaba deformado con unos ojos chispeantes como si fueran pequeñas llamas. Sus dientes afilados y llenos de sangre, y con una voz grabe y rasposa le dijo “TAITA MIRA MI DIENTE”.
Esto lo causo un gran susto a Don Ismael, quien sólo atino a botar a esa criatura lo más lejos que pueda. Cuando la criatura se estrelló con el suelo, está hecho chispas y empezó a rebotar perdiéndose en la oscuridad de la noche. Al día siguiente, encontraron a Don Ismael tirado a unos metros de su casa botando espuma por la boca.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Si escuchan a un bebé llorando en medio de la nada, que harían?
Por mi parte, mi sentido común sería ir de donde proviene el ruido, por temor de que algo malo haya ocurrido, y en caso que vea a un bebé en medio de la nada, lo más seguro sería que haga lo mismo, que lleve al bebé al pueblo, y ustedes, ¿Si escuchan a un bebé llorando en medio de la nada, que harían?