La siguiente historia cuenta de unos repartidores que al regresar de entregar la mercancía, escuchan lamentos por el camino.
Este material está en reconstrucción.
Mi relato es de un pueblo de Pátzcuaro que en mi juventud, por razones personales estuve trabajando de repartidor.
Llevaba quesos y otros productos muy caros a tiendas y restaurantes de la región.
Me tocaba viajar con Don Luis, un repartidor que solo acompañaba a los chóferes, porque conocía muy bien la región. Luis a pesar que medía metro y medio, era una persona muy fuerte, subía en el hombro mercancías muy pesadas sin soltar una sola gota de sudor.
Una tarde nos tocó llevar mercancía a un pueblo alejado y por la distancia se hizo tarde. Don Luis ese día me pidió que condujera despacio. Vimos a varias patrullas del pueblo a un lado de la carretera, pero de los policías, no había rastro alguno.
Notamos que no venía ningún carro de la dirección de dónde venimos.
Para suerte de nosotros, tuvimos tiempo de entregar la mercancía, y regresar a los pocos minutos.
Al estar por salir del poblado, nos rebasó una camioneta con muchos hombres armados. Era obvio que no eran policías, así que Don Luis me pidió que salgamos por otro camino.
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Si hubiera seguido por la carretera, hubiera puesto en peligro arriesgar nuestra mercancía, y en el peor de los casos nuestra vida.
Por el camino que nos fuimos, era todo tierra. El carro en cada momento daba saltos, pero al menos así regresaríamos tranquilo a casa.
Pudimos avanzar una gran distancia, aunque el camino era más largo, porque tuvimos que rodear una montaña.
Don Luis me decía no te preocupes por aquí llegamos bien, pero tratemos de avanzar antes de que anochezca.
Por más rápido que conducía, la noche nos ganó, y el camino se veía muy extraño con la oscuridad.
Al estar conduciendo, nos topamos con varias casitas pero ya con las luces apagadas, que parecían abandonadas.
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Para no sufrir ningún accidente en plena noche, tuve que conducir muy lento, porque los faros de la camioneta apenas me dejaban ver unos metros adelante.
De pronto sentí que Don Luis me apretó el brazo, y me pidió que apague las luces de la camioneta.
Pensando que vio a hombres armados, al momento que estoy por orillarme, me dijo que apague el motor.
Después de apagar el motor, escuché una voz a lo lejos, la voz era de una mujer. Y de repente, la voz se convirtió en un grito horrible, hubiera pensado que era la llorona, pero para suerte mía no lo era, porque no se escuchaba su clásico lamento de mis hijos.
Solo era un aterrador grito de mujer que erizaba los bellos del cuerpo, que del miedo, estaba a punto de salir de la camioneta, y correr a donde sea.
Don Luis viendo que estaba muy asustado, me agarró del brazo, y me dijo que no hiciera nada tonto, que guarde silencio, que ya pasará.
En el lugar donde nos encontramos, estaba todo oscuro, y lo poco que se veía, era gracias a la luz de la luna.
Mientras estamos dentro de la camioneta, los lamentos se seguían escuchando, pero por más que miramos por todas partes, no encontramos nada.
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Hasta que de pronto, no sé qué me da por mirar los árboles, y al ver bien, vi una mujer con los brazos extendidos, pasar a 5 metros de altura por encima de los árboles.
La mujer iba recorriendo el camino, mientras me taladraba ese lamento aterrador. Cerré los ojos mientras el grito se iba haciendo más fuerte. Juro que pasó por encima de la camioneta, pero para suerte, Don Luis me ayudó a guardar silencio.
Cuando ya no se llega a escuchar los lamentos, al abrir los ojos, vi como la mujer se iba perdiendo por el camino.
En ese instante quise prender la camioneta, pero Don Luis no me dejó, dijo que espere unos minutos para estar seguro.
Los minutos que estaba esperando, les juro que fue eterno, y aun tenía miedo que el espectro de la mujer se le ocurra regresar.
Después de varios minutos, al fin Don Luis me dice que avance, que trate de llegar lo más rápido posible al próximo poblado.
Como tenía miedo, no pregunté nada, y solo me puse a conducir.
Este material está en reconstrucción.
Los días siguientes, el trabajo era el mismo, teníamos que llevar los encargos a los pueblos cercanos. Y después de unos días, nuevamente nos informa que debemos de llevar un encargo al pueblo donde se apareció el espectro.
Ese mismo día renuncié, no me presenté, ni siquiera avisé, ya que tenía miedo que si voy al lugar, se aparezca de nuevo el fantasma de la mujer.
Ni a Don Luis le avisé, le dije días después, y me regresé a mi pueblo.
Con el tiempo me enteré de algo raro de la empresa. Resulta que cambian a varios chóferes muy a menudo, y Don Luis, era el único que se mantenía recorriendo los caminos en esa camioneta, siempre acompañando al conductor.
Este material está en reconstrucción.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Si les llega a pasar lo mismo, seguirían conduciendo por el mismo lugar?
Por mi parte, lo pensaría muy bien y dependiendo de lo necesitado que esté en trabajar. Porque no vaya ser que uno de esos sustos puede ser fatal, y hasta allí llegue, y ustedes ¿Si les llega a pasar lo mismo, seguirían conduciendo por el mismo lugar?