La mujer y el condenado

La siguiente historia cuenta de un condenado que al ganarse la confianza de una mujer, le dice que le cuida a su bebé mientras va al rio para traer agua.

 

La siguiente historia me fue contada por una amistad, y como me pareció interesante, lo voy a escribir en la página para compartir con todos.

 

En los andes una mujer hace poco tuvo un hijo. Como la mujer no podía hacer tanto esfuerzo, toda su familia se iba a la chacra a trabajar, mientras ella se quedaba al cuidado de la casa.

 

Llegando la tarde, mientras la mujer estaba tejiendo afuera de la casa, al mirar cerca del monte, desde lo lejos ve que un extraño está viniendo.

Cuando el extraño le da alcance, la mujer deja de tejer, y se pone a conversar.

Lo que la mujer pudo notar, era que el hombre era una persona alta, y se le veía que era muy bueno.

 

Después de conversar por un buen rato, la mujer nota que se está haciendo tarde para preparar la comida, así que amablemente le interrumpe la conversación, y dice que irá al rio para traer agua.

 

El hombre le dice que no se preocupe, que si gusta, él le puede hacer el favor de a cuidar al bebé.

Como la mujer tenía que cocinar para toda la familia y además que ya era tarde, aceptó la amabilidad del hombre extraño.

Sacó unos baldes de su casa y se fue lo más de prisa al rio.

 

Ni bien llegó al rio, llenó los baldes rápidamente, temiendo que el extraño que dejó en casa pueda ser un ratero.

 

Mientras que iba de regresa a toda prisa, a unos metros de llegar a casa, escucha un fuerte grito.

La mujer preocupada por su bebé, ingresa lo más deprisa a casa.

Al ingresar a la cocina, ve una escena muy terrorífica que enseguida le hizo soltar un grito como nunca lo hizo en toda su vida.

 

Lamentablemente la mujer, no se dio cuenta que al extraño que hizo pasar a su casa, era un condenado, porque se estaba comiendo a su bebé.

 

 

Les hago la siguiente pregunta:

 

¿Dejarían el cuidado de sus hijos a un completo extraño?

 

Por mi parte, nunca haría algo así, ni por mas apurado que esté, porque uno nunca sabe que le pueden hacer a un ser indefenso, y ustedes, ¿Dejarían el cuidado de sus hijos a un completo extraño?

 

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