La siguiente historia de terror, nos lleva a un almacén del año 2005, donde los trabajadores se enfrentan con lo inimaginable en la oscuridad de la madrugada. La radio deja de transmitir, y un lamento aterrador se escucha desde lo lejos, sumergiéndolos en un terror indescriptible.

Es muy común que dentro de los trabajos, siempre existan leyendas paranormales relacionadas a este, y más cuando se trata de escuelas, hospitales, bodegas… e incluso oficinas. Desde niños que se escuchan reír, hasta personas adultas que se ven caminar por los pasillos.
La historia que voy a relatar…, es otra de las experiencias sobrenaturales que se han quedado en mi mente.
Recuerdo con exactitud el momento, esa sensación de hielo en la sangre, no es algo que pueda olvidarse fácilmente. Era el año 2005, la madrugada del diez de mayo para ser más preciso.
Antes de seguir…, me gustaría ponerlos en el escenario. Contaba en ese momento con 18 años de edad, y me encontraba en el interior de mi primer trabajo, un almacén de abarrotes. Imaginen una bodega de 2000 metros cuadrados llena de racks de carga, y alumbrada por lámparas de tubo.
Durante la mañana y la tarde…, había infinidad de gente realizando maniobras de carga y descarga de unidades de reparto. La bodega era totalmente alumbrada por una buena cantidad de luz solar, que se filtraba por el tragaluz del techo, pero a medida que caía la noche, las sombras se iban apoderando del lugar.

Al llegar las 10 de la noche, llegaban a laborar los del turno nocturno. Este turno se encargaba de realizar el surtimiento de pedidos para clientes especiales, los cuales no hacían pedidos por empaques, sino… por un cierto número de piezas.
El DUN, despacho por unidades, así se le conocía al área designada para los trabajadores nocturnos. Era una jaula más o menos de 10 metros por 10 metros, clavada en las profundidades de aquella bodega, adaptada para surtir de manera rápida y eficaz… los productos necesarios.
Al llegar todos los elementos de la noche, y salir todos los elementos vespertinos. Las puertas se cerraban bajo llave, desde la parte de fuera, dejando en total encierro a los trabajadores, y yo estaba entre ellos. ¿Cuántos éramos? Apenas 4 trabajadores: Juan, Eduardo, Manuel, un guardia, y yo.
Cómo les comentaba, el DUN estaba perfectamente acondicionada, para realizar nuestro trabajo de la manera más rápida posible, pero para lograrlo… Teníamos que recorrer el almacén para recolectar los insumos necesarios. Juan…, al ser el encargado del área, determinaba que productos recolectaría cada quien. El guardia solo se sentaba en su lugar a ver televisión, y pasadas las 24 horas, se dormía. Y los otros 3 restantes, realizamos los recorridos a lo largo de esa inmensa penumbra, y temerosos que alguna de las tantas leyendas que nos contaban, se manifestase frente a nosotros.

Afortunadamente, ese 9 de mayo por la noche, nadie sufrió algún evento paranormal, pero la madrugada del diez, nos tenía una sorpresa preparada. El trabajo como lo comenté, era rápido. Si nos aplicábamos, terminábamos alrededor de las 3 de la mañana, y ese día fue así. Nosotros contábamos con una pequeña grabadora, a la cual no le servía la casetera, ni la unidad de cd, así que todas las noches, la radio era nuestra única compañera.
Recuerdo que habíamos terminado de llenar los contenedores con las mercancías. Eduardo, Manuel, y yo…, repartidos en el DUN, quitábamos el exceso de cartón para sacarlo al área de reciclado. Una vez que se abrieran las puertas a las seis de la mañana, en la radio sonaba la voz de la ardilla soler de la ke buena, que por aquel entonces…, era la locutora de un programa llamado; los hijos de la madrugada.
De un momento a otro, la señal de la radio se convirtió en estática. Yo estando en el lugar más cercano, a la entrada de nuestro departamento en comparación con mis compañeros, voltee hacia Juan…, que se encontraba cerca de la grabadora y le dije: cámbiale de estación…, que esa chingadera ya perdió señal, pero fue en vano, ninguna frecuencia transmita más que pura estática.
En ese momento, miré el reloj que teníamos colocado en la pared de fondo, marcaba las tres y quince de la mañana. Fue en ese momento, cuando la escuché… ¡AAAAAAAYYYYY MIIIIIIISSS HIIIJOS!

No daba crédito a lo que mis oídos habían percibido, pensando que era una broma de mi mente, dirigí la mirada hacia mis compañeros, solo para toparme con rostros desconcertados y llenos de miedo. En ese momento, entró el guardia corriendo y gritando:
¡Está aquí dentro! ¡Está aquí dentro!
Todos corrimos lo más alejado posible de la bodega, solo para voltear a ver hacia la inmensa penumbra, y ver la tenue luz de las lámparas, una neblina espesa. La cual se abría espacio entre los racks, sin respetar las leyes de la física, que impiden que la materia sólida pueda ser atravesada sin ningún tipo de resistencia, acompañada de tres lamentos más…, hasta terminar por perderse en uno de los muros, que delimitan la bodega con la calle aledaña.
En cuanto esto sucedió, la señal de la radio volvió de manera sorpresiva.
Así fue…, mis queridos amantes de lo paranormal, como una de las leyendas más conocida, o quizá la más conocida de todo México, se hizo presente frente a nuestros ojos. Ya han pasado casi 20 años desde aquella ocasión, y ese lamento aún me hiela la sangre.

Les hago la siguiente pregunta:
¿Han escuchado más historias acerca del espanto de la llorona?
Por mi parte, escuché varias historias acerca de la llorona, y de las cuales, casi todas que recuerdo lo estoy publicando en nuestra página web, esmefiro, y ustedes ¿Han escuchado más historias acerca del espanto de la llorona?
