Mi abuelo cuenta, que el día que su mamá cayó enfermo, él tenía que ir con urgencia al pueblo a comprar unas medicinas.
Como su casa quedaba a varias horas del pueblo, su mamá le dijo que se quede en casa, que el dolor ya pasará.
Mi abuelo tenia miedo de perder a su madre, ya que era la única persona que le quedaba, toda su familia pasó a mejor vida por defender sus tierras de personas de lo ajeno.
Como el dolor de su madre cada vez se hacía más fuerte, al final, no le quedó de otra que salir al pueblo en altas horas de la madrugada.
Su madre le decía que no lo haga, que salir a estas horas es muy peligroso, que hace unos días atrás, escuchó que le robaron y le dieron vuelta a un extraño.
Mi abuelo cuenta que tenia miedo de salir de noche, ya que por esos lugares se escuchaba que se aparece la jarjacha, el condenado y entre otros demonios de la sierra del Perú.
Pero como no podía dejar a su madre que siga sufriendo, se armó de valor, y salió de casa en dirección al pueblo.
Para llegar lo más deprisa al pueblo, va por un atajo que el conocía muy bien. Lo malo del atajo era muy desolado, si te pasaba algo, quedabas a tu suerte.
Después de tanto correr, estando a mitad de camino, desde lo lejos, observa que alguien está a varios metros delante de él. Mi abuelo pensó que también se dirigía al pueblo, así que va a toda carrera para darle alcance.
Cuando le dio alcance, le dice al extraño que no se asuste, que también va en dirección al pueblo.
El extraño no le hace caso y sigue caminando, parecía que no quería hablar.
Después de caminar por más de 10 minutos, cuando mi abuelo ya recobró las fuerzas, le dice al extraño que fue un gusto caminar con él, que tiene prisa y por eso irá a toda carrera.
Al momento que se iba a despedir del extraño, cuando le ve el rostro, se lleva una gran sorpresa. El extraño que vio, era su tío.
Mi abuelo estaba muy seguro que era su tío, porque tenía la misma cicatriz en el rostro, que le hicieron unos rateros por defender sus tierras.
Mi abuelo sorprendido le empieza hablar, le dice, tío, acaso no te acuerdas de mí, soy tu sobrino.
Su tío no le respondía y seguía caminando.
Como no obtenía ninguna respuesta de su tío, mi abuelo le dice, bueno tío, parece que no quieres hablar, me despido de usted, porque tengo que llegar al pueblo a comprar unas medicinas.
Después de media hora llegó al pueblo, y ni bien compró las medicinas se regresó a toda carrera por el mismo lugar.
Cuando se cansó de correr, y se puso a caminar por unos minutos, desde lo lejos, ve que otra persona está a varios metros en su delante.
Mi abuelo se preguntaba, que raro, tenía entendido que este lugar era muy desolado y que nadie caminaba por aquí, y mucho menos en altas hora de la madrugada.
Después de correr unos metros más, le da alcance al extraño, y para su sorpresa, se da cuenta que era el mismo tío que vio hace una hora.
Mi abuelo sorprendido le pregunta de nuevo. Tío, que haces por aquí en altas horas de la madrugada, y a donde fuiste, porque no te vi llegar al pueblo.
Su tío seguía sin responder solo avanzaba hacia adelante.
Mi abuelo quedó extrañado que su tío no le hable, hasta pensó a dudar que tal vez lo estaba confundiendo, pero no, porque él sabía que era su tío. La cicatriz que llevaba en su rostro, era la prueba contundente que es su tío.
Como mi abuelo tenía prisa, y su tío no quería hablar, después de recuperar fuerza, de nuevo se va de regreso a casa.
Al llegar a casa le da la medicina a su madre y le dice que mañana le va a contar lo que le toco vivir.
Al día siguiente, mi abuelo le cuenta de lo extraño que vio a su tío en el campo, que solo lo veía caminando, y por más que le hablará, no respondía.
Su madre enseguida le responde, le dijo que lo que vio, no era su tío, porque le llegaron rumores, que él había fallecido por personas de lo ajeno cuando llevaba dinero al pueblo. Desde aquel día, nunca más lo volvieron a ver, es por eso que todos los dieron por muerto.
Mi abuelo le decía a su madre que no cree que haya fallecido, que el vio bien que era su tío, hasta tenía la misma cicatriz en el rostro.
Después de una semana, tocaron la puerta de mi abuelo, le dijeron que encontraron los restos de una persona, cerca del atajo.
En sus pertenencias encontraron su libreta electoral con otros apuntes.
Como el apellido que tenía su tío no era muy común en el pueblo, enseguida supieron a qué familia partencia el cuerpo.
Con esto, tal vez su tío al fin descanse en paz, porque le dieron una santa sepultura.
De las personas que cometieron el crimen, nunca se supo nada, el caso quedó en veremos.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Creen que realmente era su tío el que caminaba en medio de la nada?
Por mi parte, supongo que sí, su tío no pudo descansar en paz hasta que sus restos sean encontrados por su familia o reciba una santa sepultura, y ustedes, ¿Creen que realmente era su tío el que caminaba en medio de la nada?