La siguiente historia de terror, cuenta de un par de jóvenes que logran salir del encanto de los cerros.
Este material está en reconstrucción.
Mi familia es de la sierra, toda su vida vivieron allí. Hasta que mi papá consiguió un buen trabajo en la capital, y nos tuvimos que mudar.
Después de varios años tuvimos que regresar de urgencia a la sierra, porque mi abuelo se puso muy enfermo.
Cuando llegamos a la casa de mi abuelo, nos encontramos con varios de mis tíos, la gran mayoría vino con sus hijos.
Después de varios días estaba aburrida en la sierra, así que mi prima me dice para dar una vuelta con los caballos.
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Mi papá nos dice que no nos alejemos de la casa, y que no pasemos por los cerros de noche, porque es muy peligroso.
El primer día que montamos los caballos lo pasamos bien, nos divertimos todo el día.
Después de unos días mi prima me dice que vayamos más lejos, y ver hasta dónde podemos llegar.
Toda la tarde pasamos por varios cerros, hasta que los caballos se cansaron de tanto correr, y tuvimos que parar para descansar.
Pasando unas horas, mi prima comenzó a preocuparse porque todo el lugar está oscureciendo, y el caballo seguía sin levantarse.
Después de unos jaloneos los caballos comenzaron a moverse, así que nos regresamos por el camino que venimos.
Este material está en reconstrucción.
Por alguna extraña razón estuvimos caminando más de una hora en los cerros, sin encontrar a nadie.
Mientras más caminamos, más oscurecía, al punto que solo se veía unos metros el camino de adelante.
Tuvimos que caminar despacio por miedo en dar un paso en falso, y caernos del cerro.
En ese momento noté que mi prima está un poco nerviosa, parece que está asustada, pero no lo demostraba, todo para que no me contagie su miedo. Después de caminar buen tiempo, desde lo más lejos del cerro, vimos una luz….
Mi prima dice que nos apresuremos, tenemos que alcanzar a las personas que están delante de nosotros.
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A medio camino de alcanzar la luz, los caballos se detienen de imprevisto, no querían avanzar. Por más jalones que le damos, no hacían caso, se quedaron inmóvil.
Mi prima recogió un pedazo de rama del piso, y empezó a golpear a los caballos para que avancen. Después de unos golpes con la rama, regañadientes, avanzaron.
Faltando poco para alcanzar a las personas que están delante de nosotros, los caballos de nuevo se detuvieron de la nada, no querían avanzar. Por más que mi prima le golpeara con las ramas del árbol, los caballos se quedaron quietos.
De tanto golpe que recibieron los caballos, dieron media vuelta y se fueron corriendo de dónde venimos.
Enseguida mi tía me dice que debemos atrapar a los caballos, no podemos regresar sin ellos.
Este material está en reconstrucción.
Cuando estamos a punto de regresar, escuchamos risas de varias personas. Pensando que estamos cerca, mi tía dice:
Sigamos…, ya falta poco para alcanzarlo. Y cuando le alcancemos, le diremos que nos ayuden atrapar a los caballos.
Por más que caminamos, nunca le llegamos alcanzar. Siempre parecía que estaba cerca, pero nada. Solo se escuchaba las risas de las personas.
Mi prima enojada soltó un fuerte grito diciendo:
¡HOLA…, DÓNDE ESTÁN…!
Pero nadie respondía, solo se escuchaba las risas de las personas.
Así pasamos varios minutos tratando de alcanzar a las personas de adelante, pero no tuvimos suerte.
Este material está en reconstrucción.
Cuando le digo a mi prima que estoy cansada, enojada me dice,
Al momento que estoy por levantarme, veo tirado la rama que mi prima había usado para pegar a los caballos.
Enseguida le digo que regrese, que miré lo que encontré, es la misma rama que usó para que los caballos avancen.
Mi prima terca me dice,
No sé cuánto tiempo estuvimos caminando, sin dar con nadie.
Con mi prima ya no se podía hablar, porque tenía la tonta idea de seguir y seguir, hasta alcanzarlo.
De tanto caminar, por el camino encuentro la misma rama que mi prima usó en los caballos. Allí de nuevo le digo:
Prima, prima…, ¡detente…!
Este material está en reconstrucción.
Acaso no te das cuenta que estamos caminando en círculo. Mira lo que encontré…, es la misma rama que has usado en los caballos. Ahora no me puedes decir que no es la rama, porque yo misma la marqué. Mira, allí está la marca.
En ese momento las risas de las personas de adelante, se escuchaban más fuerte. Pareciera que estuvieran a unos metros de nosotros.
Mi prima me dice, ya estamos por alcanzar a las personas de adelante, si vamos corriendo le podemos alcanzar, !vamos, tenemos que correr!.
No sé de dónde me salió la fuerza que cuando dijo para correr, me aventé hacía ella y la detuve con todas mis fuerzas.
Mi prima me decía:
Este material está en reconstrucción.
Llorando le digo a mi tía: Acaso no te das cuenta que estamos caminando en círculo. No creo que los que estén delante de nosotros sean personas. Prima por favor reacciona, hemos caminado por varias horas y solo hemos escuchado sus risas. Si los que están delante fueran personas, hace rato nos hubieran respondido cuando le gritaste.
Cuando mi prima se tranquilizó, nos sentamos a descansar.
Después de media hora, se empezó a escuchar los cantos del gallo, y cuando todo se empezó aclarecer, lo que vimos nos dejó muy asustado.
Si no le hubiera detenido a mi prima y corríamos, nos hubiéramos caído al barranco.
El barranco se encontraba a unos metros de nosotros.
Al regresar por donde venimos, nos encontramos con nuestros padres. Nos dijeron que estaban preocupados porque los caballos regresaron solos, así que nos estuvieron buscando toda la madrugada.
Este material está en reconstrucción.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Caminarían de noche por los cerros que no conocen?
Por mi parte, no…. Prefiero quedarme en casa, sano, salvo y seguro, o en todo caso, ir con alguien que conozca el lugar, porqué escuché varias historias de encanto en los cerros, y no quiero ser parte de una de ellas, y ustedes, ¿Caminarían de noche por los cerros que no conocen?