Llevando el alma de un pasajero

La siguiente historia de terror, cuenta de un taxista que al estar trabajando de noche, le ocurre un suceso muy terrorífico.

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Soy taxista, llevo trabajando más de 20 años en este rubro.

En todo el tiempo que he trabajado como taxista, siempre escuché a mis amigos contar historias de fantasmas.

Siempre creí que era mentira, pensaba que los fantasmas era producto de la imaginación, por trabajar todo el día o por estar pasado de copas.

Cierto fin de semana cuando estoy por regresar a casa, porque no encontraba a ningún pasajero. Desde lo lejos, veo que un joven me hace la señal de parada de taxi.

Cuando me detengo, le pregunto al joven, ¿a dónde lo llevo?

El joven me dice si conozco el bulevar. El bulevar queda a unos 20 minutos, lo malo del lugar, es el tráfico, además es una zona muy peligrosa.

Después de acordar un precio razonable, lo llevé al bulevar.

Cuando el joven ingresó al taxi, el ambiente se puso muy frio. En ese momento pensé que el frio era de la calle. Para que el frio pase, prendí el aire acondicionado, pero no sirvió de nada, hacía mucho frio.

A medio camino del bulevar, una joven me hace la señal de parada de taxi, me dice que le lleve al norte.

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Con la mirada le respondo que no, no ves que estoy llevando a un pasajero.

La joven me insiste y me dice de nuevo:

Señor…, cuánto me cobras para que me lleves al norte.

De nuevo le hago señas con la mirada, diciendo: Mira atrás de mí, estoy llevando a un pasajero, no puedo hacer la carrera.

La joven malhumorada dice:

Si no piensas hacer la carrera, entonces no hagas de taxi

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Estando por llegar al bulevar, el joven me dice:

Señor…, aquí me bajo, cóbrese.

Cuando el joven está saliendo del taxi, al momento de recibir las monedas, se caen al piso. Cuando me agacho para recogerlo, vi que el joven no tenía pies, está flotando.

El joven al ver que me di cuenta que está flotando, me suelta una sonrisa diabólica y desaparece del lugar.

En ese instante no supe cómo reaccionar, no podía gritar, no me podía mover. El lugar estaba desierto, no había nadie quien me ayude.

Pasó unos minutos y el celular comienza a sonar. Si no hubiera sido por el ruido del celular, me hubiera quedado paralizado.

Regresando a casa con miedo, desde lo lejos veo a un señor que me hace la señal de parada. Con miedo me detengo y le pregunto, ¿a dónde le llevo?

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El señor dice que le lleve al sur, y para suerte mía, era cerca de donde vivo.

Luego de unos minutos, el señor me pregunta: ¿Estás bien?, te veo un poco asustado.

Allí le digo, si te cuento lo que me pasó, te vas asustar.

El señor me dice: No para nada, cuéntame, ¿qué te pasó?

Después de contar lo ocurrido, el señor vio que tenía un anillo de acero. Enseguida me dice, no te pasó nada, porque llevas tu anillo de acero. El acero neutraliza todo daño que te pueden hacer los espantos.

Desde ese día, antes que suba cualquier pasajero, lo primero que miro, son los pies.

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Les hago la siguiente pregunta:

¿Cómo reaccionarían si les llega a pasar lo mismo?

Por mi parte, estoy seguro que estaría igual, sin poder reaccionar hasta que alguien me ayude, y ustedes, ¿cómo reaccionarían si les llega a pasar lo mismo?

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