Esta historia nos fue compartida por un seguidor de nuestra página, al cual, le agradezco por colaborar con su historia.
La siguiente historia, pasó alrededor de los años 40.
Llegando fin de mes, cuando era la hora de paga, los trabajadores se quedaron esperando toda la tarde al capataz, pero como este no venía, la gran mayoría decidieron irse a casa, y otros venir a cobrar mañana.
Al momento que mi abuelo se estaba por ir, su amigo le dice que le esperemos media hora más, y si no viene nos vamos a casa.
Para fortuna de ambos, el capataz viene a los pocos minutos, y se disculpa con los que aún se quedaron.
Cuando todos recibieron su paga, el amigo les dice a los demás que le acompañen al pueblo vecino, que hoy habrá fiesta de un familiar.
Como en esos años, a mi abuelo le gustaba tomar, no dudo en responder que sí, además que era fin de semana, y mañana nadie trabajaba.
Como los demás trabajadores le dijeron que no, solo se fueron mi abuelo y su amigo.
Para llegar al pueblo vecino, en esos años lo hacían caminando, y para llegar al lugar, tenían que pasar por varios cerros.
Después de caminar por unas horas, desde lo lejos, mi abuelo ve unas bolas de luz en el otro cerro. Ni bien ve la luz, le dice a su amigo que se detenga y que mire lo que él ve.
Cuando su amigo se detuvo, vio lo mismo que mi abuelo, y enseguida le dice que vamos detrás de las bolas de luces, porque se cuenta que al llegar al final, te lleva donde hay oro.
Mi abuelo al escuchar la palabra oro, enseguida le dice que sí, vamos en las bolas de luces.
Lo más curioso de todo fue, que todas las veces que mi abuelo pasaba por el lugar, no se había percatado que por el lado donde apareció las bolas de luces, había un cerro tan grande, el lo recordaba que era como los demás, bueno tal vez será por la noche, que todo se ve más grande.
Después de adentrarse al cerro, y caminar por más de 10 minutos, mi abuelo se percata que por más que caminen, las bolas de luces se alejaban más y más, al punto que era casi imposible alcanzarlo.
Como las luces cada vez se estaba alejando más y más, el amigo le dice a mi abuelo que corramos, sino le vamos a perder, pero como era de noche y a las justas se podía ver a unos metros delante, mi abuelo le dice que no sea tonto, si corremos nos podemos caer del cerro, así que mejor caminemos más rápido.
Después de caminar por más de una hora, mi abuelo le dice que mejor regresemos, porque por más que caminamos, no vamos alcanzar a las esferas de luces, pero como la respuesta de su amigo era no, y no.
Mi abuelo recordó algo que sus abuelos siempre le contaban, el cual era, “EL ENCANTO DE LOS CERROS”.
Al recordarlo, enseguida le dice a su amigo, si esto no será el encanto de los cerros, al cual, cuando está por amanecer, te hace caer a un abismo.
El amigo le dice que no sea tonto, que él no cree en tonterías, que el sabe que después de llegar al final de las esferas de luces, encontrará oro.
Siendo alrededor de las 2 a 3 de la madrugada, mi abuelo le dice que mejor regresemos, que esto ya no le está empezando a gustar.
El amigo le dice que no, si gusta te puedes regresar, pero yo iré hasta el final.
Por más que le insistía que regresemos, el amigo siempre le respondía que no, y mi abuelo por temor a que hayan caído en el encanto de los cerros, decidió regresar, y al mismo tiempo preguntándose, si volvería a ver a su amigo.
Cuando mi abuelo estuvo de regreso, lo más curioso de todo fue, que en menos de 30 minutos salió del cerro y allí comprendió lo que había pasado.
En si, había caído en el encanto de los cerros, porque no se explicaba cómo pudo salir en menos de 30 minutos, si ellos estuvieron caminando por horas.
Al día siguiente, cuando mi abuelo se despierta, enseguida va en la casa de su amigo, teniendo la esperanza que haya regresado a casa.
Al llegar a su casa, se da con la sorpresa que su amigo no había regresado, y su familia no supo a donde fue.
Luego de unos días, mi abuelo nuevamente regresa en la casa de su amigo, pero sin tener respuesta alguna, su amigo había desaparecido, nunca más regresó a casa.
Mi abuelo se daba una idea de lo que había pasado, que el encanto de los cerros le hizo caer al abismo, al momento que su amigo haya decido correr para alcanzar a las esferas de luces.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Si ven unas esferas de luces en altas horas de la noche en medio de la nada, irían detrás de ella?
Por mi parte, dudo mucho que lo haría, porque en ese momento me daría la idea de que algo fuera de lo normal está pasando, además porque iría detrás de las luces y más aun cuando estoy en medio de la nada, y ustedes, ¿irían detrás de las esferas de luces?