La siguiente historia de terror, cuenta de un comerciante, que se salva de un condenado, con la ayuda de su perro y su mula
Este material está en reconstrucción.
En los años 50 cuando mi abuelo era joven, compraba mercancía en el pueblo vecino, para después vender en su pueblo.
En uno de esos días en el pueblo vecino, se encuentra con varios amigos, y se quedan conversando hasta que se hizo de noche.
Como tenía que estar a primera hora para vender todo lo que compró. Regresó a su pueblo acompañado de sus fieles animales, una mula y un perro.
En esos tiempos para llevar la mercancía de un lugar a otro, se hacía a pie y con ayuda de un burro o una mula.
Cuando está a mitad de camino, el perro comienza a ladrar desesperadamente.
Este material está en reconstrucción.
Mi abuelo cuenta que nunca lo escuchó ladrar de esa manera, pensó que su perro vio a unos rateros, así que prosigue con precaución.
Después de unos minutos, la mula se detuvo de la nada, no quería avanzar.
Por más jalones que le daba, no avanzaba, se quedó quieto.
De repente, desde lo lejos, mi abuelo ve que una luz está viniendo. Mientras más se acercaba la luz, los animales se ponían más desesperados.
La mula al ver que la luz estaba a unos metros, se va encima de mi abuelo, y con su cuerpo le cubre por completo.
Mi abuelo estaba aplastado que no podía hablar, por más intento que hacía por salir, no lo conseguía, pareciera que la mula no quería que lo vean.
Este material está en reconstrucción.
Después de unos minutos de querer liberarse, se da por vencido, pensando lo peor. Desde el piso, con la poca visión que tenía, se da cuenta que la luz que venía, era de un condenado.
Mi abuelo se asustó como nunca lo había hecho, pensó que llegó su fin, hasta que su perro sale en su defensa, y se pelea con el condenado.
El condenado era más fuerte que el perro, que a los pocos minutos, lo destrozó.
Este material está en reconstrucción.
Mi abuelo quedó asustado, pensando que era el siguiente.
Temía que cuando el condenado se acerque, la mula salga corriendo dejando solo a mi abuelo.
Para suerte, la mula no se movió, se quedó inmóvil esperando que el condenado se valla.
Del miedo, nadie se movió, se quedaron en el lugar hasta que amanezca.
Si no fuera por la mula que le escondió tapándole con su cuerpo, y del sacrificio de su perro, mi abuelo no lo hubiera contado.
Este material está en reconstrucción.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Saldrían a pasear de noche de un pueblo a otro viviendo en la sierra?
Por mi parte, no, nunca lo haría y más aún si es en la sierra, porque en la sierra he escuchado varias historias de espantos, como por ejemplo, el condenado, la jarjacha, el phistaco, y entre otros demonios, y ustedes, ¿Saldrían a pasear de noche de un pueblo a otro viviendo en la sierra?