Cuando mi abuelo era joven, sus padres siempre le obligaban ir a la iglesia.
En esos años, se veía muy mal a las personas que no iban a la iglesia y más aún si vivían en el campo.
Mi abuelo tenía una peculiaridad que molestaba a todas las personas que iban a la iglesia.
Resulta, que mi abuelo siempre se quedaba dormido en plena misa, esto incomodaba a todas las personas.
En uno de esos días, cuando mi abuelo fue a misa, como es costumbre de él, se quedó dormido.
Los amigos enojados con mi abuelo, decidieron no despertarle cuando el padre termine con la misa, para que así aprenda que este lugar no es para dormir.
Luego de varias horas, mi abuelo despertó.
Al despertar, se da con la sorpresa que no hay nadie y al mirar por la ventana, observa que aún es de mañana, así que decide volver a dormir.
No habrá pasado más de media hora, que mi abuelo entre dormido, escucha un fuerte ruido afuera de la iglesia.
Enojado decide salir a la calle para decirles que no hagan bulla.
Al estar a punto de salir, desde lo lejos, ve que un grupo de personas están viniendo en dirección a la iglesia.
Lo más raro del grupo que venía hacía el, era que todos vestían con túnicas de color negro y trayendo una vela.
Cuando mi abuelo mira bien al grupo de personas, enseguida le entra un miedo por todo el cuerpo.
Resulta, que las personas que venían hacia la iglesia no tenían píes, estaban flotando y no faltaba mucho para que ingresen.
Mi abuelo al saber que no podía hacer nada, no le quedó de otra que esconderse en la parte más alejada de la iglesia, y cerrando los ojos se pone a rezar que todo pase.
Luego de varios minutos que mi abuelo estaba con los ojos cerrados y rezando. Decide abrir los ojos y asomarse de a poco para ver si el grupo de almas habían desaparecido.
Al asomarse, se da con una gran sorpresa.
Resulta, que todo el grupo de almas que entraron a la iglesia, le estaban viendo a mi abuelo de mala gana.
Mi abuelo enseguida se esconde y de nuevo se pone a rezar para que todas las almas se vayan de la iglesia.
De tanto rezar se quedó dormido, hasta que después de un rato, vino el vigilante y le dijo que ya van a cerrar, que haga el favor en retirarse.
Cuando mi abuelo abrió los ojos, vio que todo había vuelto a la normalidad, y desde ese día juró que nunca más iría a dormir a la iglesia.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Irían a la iglesia a dormir?
Por mi parte, no creo que lo haría, porque sería falta de respeto hacia los demás, y ustedes, ¿dormirían en la iglesia en plena misa?
Extraordinarios relatos sobre el género de miedo y terror. Felicitaciones a quienes se toman el trabajo de compartir esas historias que además de miedo, generan entusiasmo y deleite por lo sobrenatural. Gracias.