Luego que nació mi hijo, hubo una alegría en toda la familia. No podía estar más feliz, prácticamente lo tenía todo resuelto. Tenía un buen trabajo, un buen sueldo y entre otras comodidades que muchos se morían de envidia.
Pero lastimosamente, la alegría no iba a durar mucho tiempo porque en las semanas siguientes iba ser despedido.
Al ser despedido necesitaba dinero con urgencia, porque los pocos ahorros que tenía se estaban yendo en los cuidados de mi bebé.
Por mis malas decisiones, no acabé el colegio y tuve que conformarme con cualquier empleo. Resignarme a ganar el sueldo que antes me daban a mucho menos que recibir menos que el sueldo mínimo de mi país.
Uno de esos días que estaba leyendo el periódico, leí que necesitaban personal para una fábrica, lo malo era que pagaban muy, pero muy poco, no quedo de otra que presentarme.
Al presentarme en la fábrica, el jefe dice que solo queda el puesto de vigilante en el horario de noche.
Debo decir, que nunca trabajé de vigilante, era algo nuevo para mí.
El jefe dijo que el trabajo sería sencillo y no tan peligroso, porque hay bastante seguridad afuera de la fábrica y si esto no fuera poco, si pasa algo grave la policía llega en unos minutos, así que estaría bien protegido ante las personas de lo ajeno.
Como necesitaba el empleo con urgencia, no me quedó de otra que decirle que sí, acepto el empleo.
Al aceptar el empleo, el jefe me dio una linterna, una radio y un arma de fuego.
Del arma de fuego, me dijo tranquilo, no lo vas a usar, es solo para seguridad. En todo el tiempo que llevo en la fábrica, nunca se usó el arma de fuego.
Llegando la noche, al quedarme a cuidar dentro de la fábrica, por primera vez en mi vida sentí un gran silencio, el silencio que sentí hizo que me de miedo.
Para no sugestionarme prendí la radio y trataba de recordar los mejores momentos que pase con mi familia.
Siendo las 2 de la madrugada, escuchó un fuerte ruido en la oficina del jefe, alguien estaba arrastrando las sillas. Al acudir al lugar no veo a nadie, todo el lugar estaba en silencio.
Regresando a mi puesto, de nuevo escucho un fuerte ruido en la oficina del jefe, ahora voy más rápido que antes pensando que una persona de lo ajeno se esté robando las cosas.
Al estar en la oficina, no veo a nadie, todo el lugar estaba en silencio.
En ese momento me dije, aquí está pasando algo raro, sino es un espanto será un ladrón muy escurridizo.
Allí decidí subir al lugar más alto de la planta y esconderme, esperando que el ruido inicie.
Cuando estaba a punto en dormir, inicia el ruido.
Desde el lugar donde estaba veo la silueta de una persona. Allí supe que no era un espanto sino una persona de lo ajeno.
Desde arriba, al alumbrarle con mi linterna, le digo que se detenga, estoy armado, si da un paso en falso no dudaré en usar la pistola.
La silueta que vi, no me tomó importancia y enseguida se estaba yendo por un pasadizo.
Al estar cerca de la oficina, me dirijo al pasadizo y de nuevo veo la silueta. Enojado le digo:
OIGA, SI SE RESISTE AL ARRESTO, USARÉ LA PÍSTOLA.
YA HE AVISADO A LA POLICIA, NO TARDAN EN LLEGAR.
La sombra que vi seguía sin hacerme caso, seguía yéndose a otro pasadizo y yo estaba a varios pasos detrás de él para atraparlo.
Cuando vi que la sombra iba a un lugar sin salida, me dije a mi mismo, te tengo, ahora no podrás escapar.
Gran sorpresa me llevé que al llegar al final del pasadizo, no estaba la sombra, no había ningún lugar por donde se escondiera.
En ese instante sentí que alguien estaba respirando por mi cuello. Al voltear lentamente para ver quién era, no había nadie.
La sombra que vi en un inicio ahora estaba yendo a otro pasadizo.
Armándome de valor y con miedo fui detrás de la silueta, al llegar hasta el final veo que entró a otro pasadizo que no tiene salida.
Estando al final del pasadizo, no veo a nadie y de nuevo siento que respiran por mi espada.
Allí me di cuenta que la sombra que estaba siguiendo no era una persona, sino un espanto. Con miedo regreso a mi puesto de trabajo, esperando que amanezca. Esa noche me dije que no voy hacer más averiguaciones, mejor lo dejo todo como está, no quiero saber nada más y que ni bien amanezca presentaré mi carta de renuncia.
Cuando amaneció y vi al jefe entrar a la fábrica, allí le digo que renuncio.
El jefe no se sorprendió de mi renuncia, lo tomó algo normal, pareciera que sabía a qué se debía mi renuncia.
Saliendo da fábrica, me encuentro con el vigilante que cuida afuera de la fábrica. El vigilante me dice si voy a seguir o renunciar.
Al cual le respondí que renuncié, porque adentro espantan.
El vigilante me dijo, ya lo sé, porque crees que solo cuido afuera.
Los demás vigilantes que cuidaron la fábrica, no duraron más de unos días, antes de renunciar. Contigo van unos 40 tantos vigilantes que renunciaron este año.
No quiero imaginar que es lo que vieron los vigilantes que duraron más días, pero con lo que vi esa noche me basta y sobra.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Qué crees que haya sido la sombra que se vio?
Por mi parte, capaz habrá sido el alma de un empleado que no sabe que pasó a mejor vida y siga trabajando como si fuera de día, y ustedes ¿qué creen que sea la sombra?