La siguiente historia cuenta de un vigilante que cuando es enviado a cuidar un cementerio de noche. Comienza a escuchar en la madrugada que alguien está dando golpes a una madera, y que un bebé empieza a llorar.
Este material está en reconstrucción.
Siempre trabajé de vigilante, mayormente me enviaban a cuidar los departamentos o algunas zonas muy movidas. Todo lo hacía en compañía de mi perro, un pastor alemán.
Cierto mes, nuestro jefe dijo que necesitan personal para que cuide un cementerio de noche. Ya que las personas de lo ajeno, los rateros, ingresaban al cementerio y se llevan todo lo que ven.
Todos al oír la palabra cementerio, dieron un rotundo no, ya que les daba miedo después de escuchar varias historias de espanto.
El jefe nos dijo, la persona que vaya a cuidar al cementerio tendrá un pago extra, y su contrato si o si se renovará. Solo deben cuidar un mes, hasta que termine las vacaciones del vigilante que cuidaba el cementerio.
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Como necesitaba un trabajo seguro para todo el año. Les digo que sí, siempre y cuando que pueda llevar a mi perro.
El jefe dijo que sí, no había ningún problema, además que me haría compañía y estaría más seguro.
Las primeras noches que estuve cuidando el cementerio, me daba miedo. Pensando que me encontraría con un almita en una de mis rondas.
La primera semana no pasó nada raro, solo me encontraba con las personas de lo ajeno que estaban merodeando el cementerio.
La segunda semana, pareciera que me hubiera sicoseado, porque empezaba escuchar a unos bebés llorar, y alguien como dando golpes a la madera. En ese tiempo yo era incrédulo, pensé que las personas de lo ajeno me querían asustar. Cuando fui al lugar y viendo de una esquina, no veía a nadie, el ruido que escuché, se había detenido.
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Llegó la tercera semana, y seguía escuchando lo mismo. Alguien está dando golpes a la madera y unos bebés están llorando. En ese momento, no me di cuenta que cuando se escuchaba el ruido, mi perro se regresaba al cuarto.
Estando por terminar el mes, me dije a mi mismo, que voy averiguar que es el ruido que siempre estoy escuchando.
Esa misma noche voy con mi perro al lugar, para que así me apoye en caso que nos encontremos con personas de lo ajeno.
Llegó la hora indicada y se escuchaba de nuevo el golpe a la madera, y a los bebés llorando. Al mismo tiempo sentí como mi perro se quería ir del lugar, así que le agarré lo más fuerte que pueda para que me acompañe.
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En ese instante, mi perro empieza a ladrar como nunca lo había hecho, era como si me dijera.
¡Vámonos de aquí, este lugar es peligroso!
Al lugar donde íbamos, era donde estaban las personas que fueron enterradas hace 50 años. Era conocido, como el pasadizo de los antiguos. En ese mismo lugar, cada vez que pasaba por allí, solo lo veía desde una esquina, nunca me atreví adentrarme.
Al momento que me adentré, el ambiente de a poco se estaba poniendo pesado. Y mi perro cada vez está más desesperado en irse, estaba haciendo lo imposible para que lo suelte.
Cuando cruzamos el pasadizo y estando en la otra esquina. Vi a unas personas que están al centro de mi esquina derecha, están de espalda. En ese momento pensé que eran personas de lo ajeno que me querían asustar, haciendo los ruidos de golpe en la madera y los llantos de los bebés.
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De inmediato con voz alta les digo:
Alto allí, no saben que está prohibido estar en el cementerio de madrugada.
Como no me hicieron caso, estaba a punto de ir hacia ellos, y en eso, mi perro me muerde el pantalón. Como diciendo, no vayas, quédate aquí, es por tu bien.
De repente, las personas voltean, y lo que vi, hasta ahora no lo puedo creer. Las personas tenían el rostro desfigurado, sus manos estaban dañadas, estaban con grandes heridas.
Al voltear, cómo queriendo escapar, por el lado izquierdo, aparecieron más personas. Algunas estaban igual, tanto como bebés, niños adultos y ancianos. No lo podía creer, si hace poco todo el lugar estaba vacío y ahora está lleno de personas.
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En ese momento, el susto fue tan grande que me caí, no podía mover ninguna parte del cuerpo, no sabía cómo reaccionar.
No sé cómo lo hizo mi perro, cuando vio que las personas o seres estaban viniendo hacía mí. Mi perro muerde de mi camisa y me comienza arrastrar, llevándome fuera del pasadizo.
Estando fuera del pasadizo, recién pude reaccionar y nos fuimos corriendo al cuarto, esperando que amanezca.
De lo ocurrido no le conté nada al jefe, pensando que si le contaba me iba a despedir o buscar algunas excusas para que deje el trabajo.
Faltando unos días para que termine el mes, viene el antiguo vigilante para hacerme compañía.
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El vigilante me pregunta, si ya vi a las almitas en el pasadizo de los antiguos.
Además dijo, que es el único lugar donde las personas de lo ajeno no se atreven a ir, porque varios de ellos se desmayan del miedo, al ver a las almitas.
Por curiosidad le pregunté, por qué las almas aún siguen penando.
Resulta, que hace 50 años atrás a más, si veían que la persona parecía muerta, la enterraban, sin saber que la gran mayoría sufría de catalepsia.
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Cuando ellos abrieron los ataúdes de los antiguos para poner otro cuerpo. Se dieron con la sorpresa que la tumba estaba rasguñada. De 10 tumbas que abrían, 7 encontraban rasguñadas.
Por el miedo de encontrar más ataúdes rasguñados, decidieron no retirarlos, lo dejaron tal como está.
Después de todo lo que presencié, y lo que me contó el vigilante, ni más iré a trabajar a un cementerio. Además, ahora entiendo porque mi perro no quería ir al pasadizo de los antiguos, era porque veía o presenciaba a las almitas en pena.
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Les hago la siguiente pregunta:
¿Irían a cuidar un cementerio?, o ¿irían a ver qué es el ruido de los bebés que están escuchando?
Por mi parte, no iría a cuidar un cementerio, no es porque me de miedo, o bueno eso pienso, sino que no me llama la atención quedarme haciendo guardia toda la noche. Y acerca del ruido, si iría averiguar, ya que mi función cuidar el cementerio, y me daría la idea de que personas de lo ajeno hacen esos ruidos para que me asusten, y ustedes, ¿Irían a cuidar un cementerio?, o ¿irían a ver qué es el ruido de los bebés que están escuchando?