La siguiente historia es de un nativo que por venganza se lleva a todos los traileros que se detenga en su ruta.
La siguiente historia, lo encontré en uno de los comentarios de una página de internet, y como me pareció interesante, copio y pego con algunas modificaciones.
Para que todos puedan entender, cambié algunas jergas, y agregué, eliminé o modifiqué algunos textos para que sea comprensible.
En un poblado llamado colorines, cerca de valle de bravo conocí a un viejo trailero llamado Gerardo. Gerardo tiene una hija, y es por esa razón que frecuentaba a su familia.
Una ocasión me invitó a nadar a un lugar llamado el Cerrillo y como era de esperarse fui con ellos, sobraría decir que me divertí mucho y que regresé con novia nueva.
Pero antes de regresar a Colorines, el señor Gerardo empezó a contar historias de sus viajes en el tráiler.
Para ser más preciso, historias de terror, y de todas las que escuché, les voy a contar la que más interesante y sorprendente me pareció.
Cuenta que en una ocasión se dirigía a San Luis Potosí, cerca de las 2:30am, de repente, el tráiler se detuvo en una curva sin razón alguna y no quiso seguir.
Desesperado y asustado por el lugar donde se detuvo, sacó sus señales y esperó un momento a ver si alguien pasaba, pero nada, la neblina era cada vez más espesa y fría.
De repente le tocaron la ventana del tráiler, él se enderezó para ver quién era, y solo veía una figura.
Miró el reloj, y eran las 4:30 de la mañana, y por su seguridad, tomó su bate de béisbol y se bajó del vehículo.
Al salir del tráiler, una mano lo ayudó a bajar, y notó que era muy áspero y callosa. No le da importancia y le saludó, buenos días amigo, a lo que respondió buenos días.
La persona que le ayudó, era un sujeto delgado con sombrero y poncho de colores chillones típicos de los pueblos. El hombre de tan típica vestimenta le dijo: He revisado su camión mientras dormía, tenga cuidado lo pueden sorprender.
Gerardo respondió, gracias me ha vencido el sueño.
¿Usted es mecánico?
El hombre sonrió y respondió, no, pero he visto casos como éste, el camión no tiene agua. Si usted gusta mi casa está a unos kilómetros de aquí, ¿porque no me sigues?
Gerardo tenía sus dudas, así que antes de seguir, verificó si en verdad su unidad no tenía agua, y en efecto notó el cofre muy caliente, y sin otra opción siguió al sujeto. No sin antes pensar cómo era posible que el tráiler siguiese caliente si ya tenía un buen rato parado.
Aun así tomó un garrafón, su bate, y siguió a tan extraño hombre.
Mientras más caminaba, se adentraba en lo profundo del bosque, que quedaba frente a la curva donde había quedado varado.
Caminaron durante varios minutos sin que el otro dijese palabra alguna.
Cuando empezaba aclarecer, Gerardo pregunta, ¿falta mucho?
El hombre negó con la cabeza y siguió caminando.
Gerardo estaba preocupado, pero necesitaba el agua, y siguió detrás del hombre.
Al poco rato volvió a preguntar, ¿falta mucho?
El hombre se detuvo en seco, y con un dedo apuntó a una caverna muy pequeña rodeada de árboles y matorrales.
Gerardo permaneció inmóvil y el hombre lo invitaba a seguir, pero él no se movió. Entonces al darse cuenta, notó que estaba en la parte más oscura del bosque.
Y de repente, el hombre extraño empezó a reír macabramente y a correr a los árboles. La sonrisa del ser extraño rebotaba por todo el lugar.
Cuando Gerardo alzó la vista, divisó a un hombre parado en una rama, el cual con vos estridente le dijo:
Hoy casi me perteneces, de no ser por tu pregunta y tu miedo, serías mío. Cuídate Gerardo que algún día vendré por ti.
Cuando Gerardo volvió en sí, notó que estaba a centímetros de un despeñadero, del susto dio la vuelta y corrió a toda prisa hasta salir del bosque.
Al salir, vio que había otro trailero y dos patrullas federales.
Uno de los federales le preguntó, ¿éste vehículo, es suyo?
Si, respondió Gerardo, me quedé sin agua eso es todo.
Los federales le observaron incrédulos, y el otro trailero le preguntó, ¿y consiguió el agua?
Gerardo responde, no.
El otro trailero le dice que tiene agua, así que le dará un poco.
El oficial que lo había interrogado acerca del vehículo le dijo: Yo le daré café, apuesto a que necesita uno.
Después de un momento, los dos volvieron con lo prometido y lo miraban como si ocultara algo.
El otro federal con una voz más sería le dijo: vamos hombre, solo dilo te creeremos lo prometo.
Gerardo quedó helado y preguntó, ¿de qué me hablan, no entiendo?
El otro trailero le dijo, ¿eres nuevo en la ruta, cierto?
Gerardo le responde que sí.
Eso explica todo, ¿ya miraste donde se detuvo tu tráiler?
No, dijo Gerardo.
El otro trailero le señaló, y Gerardo enmudeció.
Al lado del tráiler, justo al dar la vuelta a la curva, había varias cruces.
El otro trailero subió hasta donde podía y señaló una vieja cruz y dijo:
Te presento al demonio del camino, pero creo que ya lo conoces.
El oficial que le ofreció el café le dijo siéntese, y cuéntenos que le hizo el viejo maldito.
Gerardo obedeció y contó lo sucedido.
Los oficiales y el trailero se miraron y dijeron lo de siempre, ponga atención amigo, ahora escuchará la leyenda de éste sujeto.
Ocurrió hace varios años, cuando se dio la noticia de un hombre que fue encontrado en el despeñadero. A diferencia de todos los encontrados, el hombre era un nativo de la región, el cual salió a traer agua de un pozo que está aquí a la vuelta.
El oficial señaló la curva, y contó que por ese lugar, encontró a unos rateros del camino, es decir atracadores de camioneros.
Los rateros pidieron agua, pero el nativo se negó, así que enfurecido lo golpearon, lo apuñalaron y lo tiraron a la peña para no dejar ningún rastro.
Lo que no contaron fue que un camionero que se paró a orinar, los vio en la distancia, y éste reportó a las autoridades el crimen.
Cuando los detuvieron, uno de los implicados era un trailero de esta ruta, que sabía los horarios de las cargas fuertes. Éste sujeto, fue el que lo apuñaló y lo tiró al despeñadero al pobre nativo.
Desde entonces, muchos traileros han muerto justo aquí, señalando las cruces, y otros han sido encontrados en la peña de la que vienes.
El oficial además contó, cuando el nativo no los estrella, les saca el radiador y supuestamente después los ayuda. Ya cuando gana confianza con su víctima, los lleva al peñadero y los tira justo como lo hicieron a él.
El nativo solo hace la maldad con los traileros, porque solo de ellos hemos encontrado sus cuerpos.
Como era de esperarse, Gerardo solicitó su cambio de ruta y jamás volvió por el rumbo, no sin antes escuchar a sus compañeros contar la leyenda que el ya sabía y de una manera muy particular.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Si un extraño en plena noche les brinda su ayuda, diciendo que le acompañen a tal dirección, aceptarían?
Por mi parte, lo pensaría bien, porque uno no sabe con quién se puede topar, y en caso que no haya nada que hacer, no quedaría de otra que seguir, pero eso si, con todo lo alerta posible, y ustedes, ¿Si un extraño en plena noche les brinda su ayuda, diciendo que le acompañen a tal dirección, aceptarían?