El trailero y los descarnados de la carretera

La siguiente historia cuenta de un trailero que al llevar una carga, por el camino ve a una familia que está pidiendo un aventón.

 

La siguiente historia, lo encontré en una red social, y como me pareció interesante, lo copio y pego con algunas modificaciones.

Para que todos puedan entender, cambié algunas jergas, y agregué, eliminé o modifiqué algunos textos para que sea comprensible.

  

Tengo 31 años manejando trailers en las carreteras del país y hace justamente unos días me paso este evento difícil de creer que quiero compartir con ustedes.

 

Venía regresando de San José de iturbide con dirección a Ciudad de México. Para eso eran las tres de la tarde cuando cruce atlacomulco en Toluca estado de México. De pronto miré que una familia de cuatros personas le pedían «rite o aventón» a los trailers pero nadie los subía, era como si mis compañeros los ignoraban.

 

Era posible y más por la carga y el riesgo que traíamos que nadie los levantaba ya que pudiera ser un intento de robo.

Solo que lo dudé, ya que la mujer que venía adelante con una pequeñita de unos 5 años lucían enfermas, tristes y cansadas, a comparación del señor que creo era su esposo, y un niño de unos 8 años que se veían en perfectas condiciones.

 

Por humanidad y arriesgándome a un robo frene el camión y por el espejo retrovisor les hice señas de que se subieran.

Me bajé del tráiler para ayudarlas a subir y al tocarle las manos estas estaban heladas. No le di importancia así que los primeros en abordar fueron la señora triste y la niña que lucían como enferma.

Ellas me dieron las gracias y sin pedirme permiso se metieron al camarote donde tenía mi cama.

 

No le vi mayor problema y las dejé; minutos después me alcanzaron el esposo e hijo quienes me solicitaron que de favor los acercara a algún pueblo, después de allí, ellos caminarían hasta llegar a su casa. Acepté y los subí para emprender el camino.

 

Cómo mire que el niño estaba serio le indique que se podía subir a dormir en la cama del camarote que también no había inconveniente. Yo imaginé que quería ir junto a su madre y hermana, pero me respondió que no, que quería estar cerca de su padre.

 

Manejé camino al centro de Toluca y el hombre empezó a llorar, sentí pena por el y le pregunté, si pasaba algo, o si los podía ayudar.

 

El hombre amablemente me respondió.

Gracias señor trailero, ya bastante hizo con subirnos, la verdad hoy es un día muy triste para nosotros, porque se cumple un año más de que mi mujer y mi hija nos abandonaron. Fíjate a que grado he llegado, como para pedir un aventón porque no tengo dinero para comer y alimentar a mi hijo.

 

Amigo trailero, antes tenía una empresa y nunca nos faltaba nada, tenía buenos ingresos pero al marcharse mi esposa todo cambió.

Me tiré al vicio del alcohol, descuidé mi negocio y a mi hijo, quedamos en la ruina y me quitaron la casa y ahora no tenemos nada.

 

La contestación del señor me sorprendió, pues qué clase de hombre era éste, que ponerse hablar de una ex esposa delante de su pareja y niños, o no sé qué era esa mujer que subí de él. Yo creo que el tipo deliraba pero se escuchaba tan real y triste que me conmocionó.

 

Todo el camino ambos estaban tristes y como llorando e inclusive el niño. Ya casi estaba por agarrar la carretera Toluca ciudad de México y le comenté que si vivían muy lejos y el me indicó que hasta Lerma.

 

Como me dijo que caminarían de donde los dejara a su casa, sentí feo y los acerqué lo más posible a Lerma, allí me frene y ellos se bajaron conmigo.

 

Le pregunté al señor que si ya habían comido y me contestó que solo el niño por que se gastó lo poco que traía para venir a ver a su esposa e hija.

 

Una vez más ante esas palabras me revolvió y quedé sin entender. Le di $100.00 pesos que traía en mi bolsa para que se compre algo que comer y de ellos me despedí. Hasta que recordé que la mujer y su hija aun no se bajaban del camarote.

 

El señor soltó las lágrimas por mi noble gesto y me abrazó en agradecimiento. En eso le dije que por favor fueran a despertar a su esposa e hija que posiblemente estaban cansadas de tanto caminar, pero lo que me dijo el señor me heló la sangre y casi me desmayo en ese instante.

 

 

¿Amigo de cual mujer y niña hablas?, solo vengo con mi hijo.

 

 

De hecho veníamos caminando por que hoy hace justamente un año que veníamos en mi auto del «oro» estado de México, y un autobús nos chocó y mi esposa traía a mi hija en brazos y quedaron allí destrozadas. Solamente mi hijo y yo quedamos ilesos, venimos de colocarles flores y veladoras justo al lugar donde quedaron muertas y lo hacemos para recordarlas.

 

Después de despedirse se perdieron por abajo del puente y se marcharon.

 

Ahora yo estaba en pánico; entonces…, ¿quién se subió primero al tráiler?

Así que con miedo me subí al camarote para investigar, y era verdad, éste estaba vacío.

Allí no había nadie a excepción de unos aretes de niña. Como era posible que estas mujeres no estuviera allí si yo mismo las ayude a subir.

Del miedo que tenía, me persigné y le imploré a dios que me ayudara, y que no me pasara nada malo.

De hecho, le marqué a mi hija y le dije que me hablara en altavoz para que del susto no me desmayara. Ya que lo que acababa de vivir me provocó allí mismo por ese miedo, la famosa diabetes.

 

Gracias a Dios llegué a ciudad de México, guarde el camión y regresé de volada a casa. Al contar lo ocurrido a mi familia, llegaron a la conclusión de que muchas veces nuestros familiares que pasan a mejor vida, no trascienden o se elevan a otro plano espiritual porque saben que no estamos bien y nos afecta su pérdida como en este caso

 

Historia escrita por: Isaid Ramírez.

  

 

Les hago la siguiente pregunta:

 

¿Han escuchado historias parecida a lo escrito?

 

Por mi parte, escuché varias historias parecidas, y de la gran mayoría, es de los almita que busca que le ayuden a llegar a su destino, y ustedes, ¿Han escuchado historias parecida a lo escrito?

 

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