La siguiente historia me fue compartida por un seguir de la página, y ocurre en la sierra del Perú.
Hace varios años, un comerciante junto con su pequeño hijo llevan costales de trigo en el lomo de burros para vender al pueblo vecino.
El viaje era tan largo, que la noche les ganó y como estaba haciendo bastante frio, no les quedó de otra en pasar la noche en faldas del cerro.
Al detenerse, el padre improvisa una cama con las mantas que llevaba y le hace dormir a su hijo cerca de las piedras, mientras que hace una fogata para combatir el frio.
Después de unas horas, viendo que la fogata estaba por apagarse y sin poder hacer nada porque no había leña que quemar, el padre decide alejarse a buscar más leña.
Para mala suerte del padre, por más que buscaba no encontraba leña, al punto que al estar por regresar, le da por mirar hacia arriba, y lo que le ve le llenó de una gran alegría, en la parte de arriba del cerro, vio unos arbustos.
Como los arbustos estaba muy altos y el padre no podía regresar porque sino la fogata se apagaría. Empezó a mirar por todas partes a ver si encontraba un camino por donde subir, hasta que al fin lo encontró.
Después de varios minutos, al fin consiguió leña que quemar, y al estar de regreso, escuchó un ruido cerca de la fogata, al cual preocupado que su hijo se haya despertado, el padre va a toda carrera.
Al estar cerca de la fogata, el padre ve un ser muy extraño, que lo dejo muy asustado. El ser que vio era una piedra, pero no cualquier piedra, porque la piedra que vio se movía por sí sola. La piedra era del tamaño de una manzana, al cual estaba moviéndose de un lado a otro.
Al momento que el padre iba a reaccionar, ve a otro ser muy extraño que se estaba alejando de la fogata.
Hasta que de pronto, se escuchó un sonido muy raro, como si comiera algo.
Después de terminar de comer, la piedra se aleja de la fogata y se pierde en la oscuridad
Cuando la piedra se aleja, el padre va en su hijo para ver si se encuentra bien.
Para suerte de él, al llegar en su hijo, observa que sigue durmiendo.
El padre por temor a lo que vio pueda regresar, decide despertar a su hijo para proseguir el viaje.
Como su hijo no despertaba por más que le moviera, al quitarle las mantas, se llevó una gran sorpresa.
El pecho de su hijo estaba ensangrentado, le habían sacado el corazón, y con esto comprendió todo lo que pasó.
El sonido que escuchó que estaban comiendo, era que la piedra le estaba comiendo el corazón de su hijo.
Les hago la siguiente pregunta:
¿Se atrevería a pasar la noche en las faldas del cerro?
Por mi parte, creo que no lo haría, y no es por miedo, sino por el frio que hace en esos lugares. Y en caso que se presente la oportunidad en pasar la noche en las faldas del cerro, si hay algún niño a mi cuidado, no me separaría de ellos, para evitar futuros problemas y ustedes, ¿Se atrevería a pasar la noche en las faldas del cerro?